La Sombra de Terence McKenna es alargada.

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No lo vais a leer porque es un poco largo y somos la generación de los 140 caracteres, pero el siguiente artículo es de MUY (subrayo, MUY) recomendable lectura para todos aquellos que alguna vez habéis (hemos) considerado de cerca las palabras de Terence McKenna. Cortesía de Chitauri (gracias).:

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On the Disillusioning Revelations about Terence Mckenna

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Y de nuevo, insisto:

allí donde la Luz es intensa, la Sombra es profunda.

(tito Goethe dixit)

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2 comentarios en “La Sombra de Terence McKenna es alargada.

  1. Rescato una cita del texto en Inglés, para aquel que no lo lea entero, que me pareció muy significativa:

    “If you underestimate the trickster side of the unconscious, you get tricked and especially you fall into the principle I coined years ago: “Wherever you cast your obsessive attention, there shall you find weird patterning.” Conspiracy types are especially prone to falling prey to this effect, which is rife in every area of esoteric research. Also, if you gain access to the energetic contents of the collective unconscious, you are likely to have ego inflation, and will feel filled with a sense of special destiny, a sense of messianic purpose and a feverish desire to proselytize. If you underestimate the trickster side of the unconscious, if you think every synchronicity is a divine revelation, then you become tricked and ultimately you become a trickster. The archetype you didn’t understand and integrate functions in you as an autonomous complex and you trick yourself and others.”

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      Levantando su hacha, el Leñador corrió hacia él, gritándole:

      -¿Quien eres tú?

      Soy Oz, el Grande y Terrible -contestó el hombrecillo con voz temblona-. Pero no me mates, por favor, y haré lo que me pidan.

      Nuestros amigos lo miraron sin saber qué hacer.

      -Creí que Oz era una gran cabeza -dijo Dorothy.

      -Y yo pensé que era una hermosa dama -manifestó elEspantapájaros.

      -Y yo lo vi como una bestia terrible -dijo el Leñador.

      -Y a mí me pareció que era una bola de fuego -exclamó el León.

      -No, todos estaban equivocados -manifestó con humildad el hombrecillo-. Los estuve engañando.

      -¿Engañando? -exclamó Dorothy-. ¿Acaso no eres un Gran Mago?

      -Más bajo, querida -pidió él-. Si hablas tan alto te oirán, y eso me arruinaría.

      Todos suponen que soy un Gran Mago.

      -¿Y no lo eres? -preguntó ella.

      -En absoluto, queridita. No soy más que un hombre común.

      -Eres más que eso -declaró el Espantapájaros en tono quejoso-. Eres un farsante.

      -¡Exacto! -reconoció el hombrecillo, restregándose las manos como si aquello le complaciera-.

      Soy un farsante.

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