Las enseñanzas de Don Juan, de Casta[n-ñ]eda: ¡vaya tostón!


A mi particular entender, leyendo lo siguiente os podéis ahorrar leer el libro entero, que a mí me pareció un poco tostón.

Aunque no se mencionan aquí los aliados, que no son menos importantes para luchar contra estos cuatro enemigos…

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Las Enseñanzas de Don Juan – Carlos Castaneda


Domingo, 15 de abril, 1962

Cuando me disponía a partir, decidí preguntarle una vez más por los enemigos de un hombre de conocimiento. Aduje que no podría regresar en algún tiempo y serla buena idea escribir lo que él dijese y meditar en ello mientras estaba fuera.

Titubeó un rato, pero luego comenzó a hablar.

Cuando un hombre empieza a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar. Su propósito es deficiente; su intención es vaga. Espera recompensas que nunca llegarán, pues no sabe nada de los trabajos que cuesta aprender.

“Pero uno aprende así, poquito a poquito al comienzo, luego más y más. Y sus pensamientos se dan de topetazos y se hunden en la nada. Lo que se aprende no es nunca lo que uno creía. Y así se comienza a tener miedo. El conocimiento no es nunca lo que uno se espera. Cada paso del aprendizaje es un atolladero, y el miedo que el hombre experimenta empieza a crecer sin misericordia, sin ceder. Su propósito se convierte en un campo de batalla.

“Y así ha tropezado con el primero de sus enemigos naturales: ¡el miedo! Un enemigo terrible: traicionero y enredado como los cardos. Se queda oculto en cada recodo del camino, acechando, esperando. Y si el hombre, aterrado en su presencia, echa a correr, su enemigo habrá puesto fin a su búsqueda.”

¿Qué le pasa al hombre si corre por miedo?

Nada le pasa, sólo que jamás aprenderá. Nunca llegará a ser hombre de conocimiento. Llegará a ser un maleante, o un cobarde cualquiera, un hombre inofensivo, asustado; de cualquier modo, será un hombre vencido. Su primer enemigo habrá puesto fin a sus ansias.

¿Y qué puede hacer para superar el miedo?

La respuesta es muy sencilla. No debe correr. Debe desafiar a su miedo, y pese a él debe dar el siguiente paso en su aprendizaje, y el siguiente, y el siguiente. Debe estar lleno de miedo, pero no debe detenerse. ¡Esa es la regla! Y llega un momento en que su primer enemigo se retira. El hombre empieza a sentirse seguro de si. Su propósito se fortalece. Aprender no es ya una tarea aterradora.

“Cuando llega ese momento gozoso, el hombre puede decir sin duda que ha vencido a su primer enemigo natural.”

¿Ocurre de golpe, don Juan, o poco a poco?

Ocurre poco a poco, y sin embargo el miedo se conquista rápido y de repente.
¿Pero no volverá el hombre a tener miedo si algo nuevo le pasa?

No. Una vez que un hombre ha conquistado el miedo, está libre de él por el resto de su vida, porque a cambio del miedo ha adquirido la claridad: una claridad de mente que borra el miedo. Para entonces, un hombre conoce sus deseos; sabe cómo satisfacer esos deseos. Puede prever los nuevos pasos del aprendizaje, y una claridad nítida lo rodea todo. El hombre siente que nada está oculto,

“Y así ha encontrado a su segundo enemigo: ¡la claridad! Esa claridad de mente, tan difícil de obtener, dispersa el miedo, pero también ciega.

“Fuerza al hombre a no dudar nunca de sí. Le da la seguridad de que puede hacer cuanto se le antoje, porque todo lo que ve lo ve con claridad. Y tiene valor porque tiene claridad, y no se detiene en nada porque tiene claridad. Pero todo eso es un error; es como si viera algo claro pero incompleto. Si el hombre se rinde a esa ilusión. de poder, ha sucumbido a su segundo enemigo y será torpe para aprender. Se apurará cuando debía ser paciente, o será paciente cuando debería apurarse. Y tonteará con el aprendizaje, hasta que termine incapaz de aprender nada más.

¿Qué pasa con un hombre derrotado en esa forma, don Juan? ¿Muere en consecuencia?

-No, no muere. Su segundo enemigo no más ha parado en seco sus intentos de hacerse hombre de conocimiento; en vez de eso, el hombre puede volverse un guerrero impetuoso, o un payaso. Pero la claridad que tan caro ha pagado no volverá a transformarse en oscuridad y miedo. Será claro mientras viva, pero ya no aprenderá ni ansiará nada.

Pero ¿qué tiene que hacer para evitar la derrota?

-Debe hacer lo que hizo con el miedo: debe desafiar su claridad y usarla sólo para ver, y esperar con paciencia y medir con tiento antes de dar otros pasos; debe pensar, sobre todo, que su claridad es casi un error. Y vendrá un momento en que comprenda que su claridad era sólo un punto delante de sus ojos. Y así habrá vencido a su segundo enemigo, y llegará a una posición donde nada puede ya dañarlo. Esto no será un error ni tampoco una ilusión. No será solamente un punto delante de sus ojos. Ése será el verdadero poder.

“Sabrá entonces que el poder tanto tiempo perseguido es suyo por fin. Puede hacer con él lo que se le antoje. Su aliado está a sus órdenes. Su deseo es la regla. Ve claro y parejo todo cuanto hay alrededor. Pero también ha tropezado con su tercer enemigo: ¡el poder!

“El poder es el más fuerte de todos los enemigos. Y naturalmente, lo más fácil es rendirse; después de todo, el hombre es de veras invencible. Él manda; empieza tomando riesgos calculados y termina haciendo reglas, porque es el amo del poder.

“Un hombre en esta etapa apenas advierte que su tercer enemigo se cierne sobre él. Y de pronto, sin saber, habrá sin duda perdido la batalla. Su enemigo lo habrá transformado en un hombre cruel, caprichoso.”

¿Perderá su poder?

-No, nunca perderá su claridad ni su poder.
-¿Entonces qué lo distinguirá de un hombre de conocimiento?

Un hombre vencido por el poder muere sin saber realmente cómo manejarlo. El poder es sólo un carga sobre su destino. Un hombre así no tiene dominio de si mismo, ni puede decir cómo ni cuándo usar su poder.

La derrota a manos de cualquiera de estos enemigos ¿es definitiva?

Claro que es definitiva. Cuando uno de estos enemigos vence a un hombre, no hay nada que hacer.

¿Es posible, por ejemplo, que el hombre vencido por el poder vea su error y se corrija?

No. Una vez que un hombre se rinde, está acabado.

¿Pero si el poder lo ciega temporalmente y luego él lo rechaza?

Eso quiere decir que la batalla sigue. Quiere decir que todavía está tratando de volverse hombre de conocimiento. Un hombre está vencido sólo cuando ya no hace la lucha y se abandona.

Pero entonces, don Juan, es posible que un hombre se abandone al miedo durante años, pero finalmente lo conquiste.

No, eso no es cierto. Si se rinde al miedo nunca lo conquistará, porque se asustará de aprender y no volverá a hacer la prueba. Pero si trata de aprender durante años, en medio de su miedo, terminará conquistándolo porque nunca se habrá abandonado a él en realidad.

¿Cómo puede vencer a su tercer enemigo, don Juan?

Tiene que desafiarlo, con toda intención. Tiene que llegar a darse cuenta de que el poder que aparentemente ha conquistado no es nunca suyo en verdad. Debe tenerse a raya a todas horas, manejando con tiento, y con fe todo lo que ha aprendido. Si puede ver que, sin control sobre sí mismo, la claridad y el poder son peores que los errores, llegará a un punto en el que todo se domina. Entonces sabrá cómo y cuándo usar su poder. Y así habrá vencido a su tercer enemigo.

“El hombre estará, para entonces, al fin de su travesía por el camino del conocimiento, y casi sin advertencia tropezará con su último enemigo: ¡la vejez! Este enemigo es el más cruel de todos, el único al que no se puede vencer por completo; el enemigo al que solamente podrá ahuyentar por un instante.

“Este es el tiempo en que un hombre ya no tiene miedos, ya no tiene claridad impaciente; un tiempo en que todo su poder está bajo control, pero también el tiempo en el que siente un deseo constante de descansar. Si se rinde por entero a su deseo de acostarse y olvidar, si se arrulla en la fatiga, habrá perdido el último asalto, y su enemigo lo reducirá a una débil criatura vieja. Su deseo de retirarse vencerá toda su claridad, su poder y su conocimiento.

“Pero si el hombre se sacude el cansancio y vive su destino hasta el final, puede entonces ser llamado hombre de conocimiento, aunque sea tan sólo por esos momentitos en que logra ahuyentar al último enemigo, el enemigo invencible.

Esos momentos de claridad, poder y conocimiento son suficientes.”

5 comentarios en “Las enseñanzas de Don Juan, de Casta[n-ñ]eda: ¡vaya tostón!

  1. Estoy de acuerdo contigo que si lees toda la obra de Castaneda acabas jarto… Pero hay muchas enseñanzas en sus libros… Creo que aún siendo un tostón, y tostón me refiero a que te metas la pechá de leerte todos los viajes y demás obras de seguido, es una lectura de la que se puede sacar muchas enseñanzas como él dice…
    Cuando habla de la conducta impecable, de la impecabilidad bien entendida, sin eso ninguna libertad hay… O te haces fuerte o te haces miserable…
    Cuando habla del camino con corazón: ” ningún camino lleva a ninguna parte pero uno tiene corazón y el otro no…” Escoger lo que tiene corazón en la vida, es muy importante.
    Cuando habla de la manera de querer: ” uno quiere porque si, lo que se le antoja y a quién se le antoja, sin más, porque sí…”.
    A mi particularmente, Castaneda y su obra me enseñó cosas y creo que la gente interesada o con cierta curiosidad debería darle una oportunidad… Igual que tú se la has dado, aunque te parezca un coñazo… No todo aprendemos igual, ni de los mismos maestros, ni tenemos las mismas capacidades… todo es cuestión de voluntad…
    Un saludo.

    1. Cuando habla del camino con corazón: ” ningún camino lleva a ninguna parte pero uno tiene corazón y el otro no…” Escoger lo que tiene corazón en la vida, es muy importante.

      .

  2. ¡Qué bueno! My old friend Juan Matus dixit again…

    De entre lo ya destacado optaría por resaltar lo siguiente:

    [ “El conocimiento no es nunca lo que uno se espera”.]

    En el transcurso de nuestro viaje experimental a lo largo de la expansión del Infinito, es imposible predecir en base a qué código de nociones puede presentarse el conocimiento. De hecho el conocimiento en sí no constituye ni constituirá jamás un legado normativo inamovible; y sin embargo cuando se nos revela, sabemos de inmediato que se trata de conocimiento, de facto.

    [ “El primero de sus enemigos naturales es el miedo.” ]

    Y el miedo se combate bien con la risa y con la detención del diálogo interno. Esto último constituye la técnica de salvaguarda esencial en todo tránsito por lo desconocido. No debe aceptarse NADA como cierto; porque de hecho NO lo es. En la sucesión de eventos y visiones que se nos va mostrando en cualquier entorno de realidad multidimensional hay que estar listo para saber desecharlas asépticamente, una por una… como si de capas de cebolla se tratara; viene a ser tal y como se explicita en la conclusión final del Mahabharata. Todo lo visto aquí y en los sucesivos planos de consciencia acrecentada no fueron más que espejismos; ergo, ninguno ha de ser tomado en serio, ni mucho menos temido.

    Al final del camino se comprende indubitablemente que… solo estabas tú; y en realidad, siempre habías estado solo, porque de hecho eres lo ÚNICO que ciertamente ha existido desde siempre: Tú. De manera que en tan dramático contexto de aislamiento inenarrable e irreparable, hasta el peor de los infiernos comporta un respiro de vivencia y divertimento apetecible.

    A la risa y la detención del diálogo interno cabría añadir la IRA como arma arrojadiza de combate ante la aparición de cualquier entidad amenazante; adquirir el adecuado balance entre RISA e IRA es el trabajo que algunos hemos venido a desarrollar aquí. Sin esmerarse en mostrar tu poder de destrucción a tu enemigo no es posible dar un paso firme en el trayecto; hay que aprender a deshacerse de las visitas indeseables ahuyentándolas mediante tu más templada cólera; una vez se logra eso, no vuelven a molestar jamás. Íncubos, súcubos y arcontes incluidos.

    En cuanto a los peligros de adquirir claridad y más tarde poder personal tengo que confesar que no dispongo de referencias experimentadas para poder convenir o refutar nada al respecto; pero suena coherente.

    Además de las recomendaciones acerca de la elección de los caminos “con corazón” -premisa tan sugerente como a la vez abstracta- opino que el mayor aporte útil en los textos de Castaneda es el referente a la consecución del último logro del guerrero:

    La preservación de la individualidad una vez desprovistos de nuestro doble orgánico.

    Estar lo suficientemente empoderado tras un periplo de vida basado en el logro de la impecabilidad permitiría desafiar la ley natural que fuerza a las almas a ser finalmente absorbidas por la Fuente, a la que ellos llamaron “el Águila”; me da la sensación de que pocos sabios -o NINGUNO- lo han sabido comprender y expresar en términos tan nítidos.

  3. ¡Caramba! No recordaba este memorable pasaje de la adaptación del texto de Eco; otro que sabía sobre ciertas cosas, sin duda.

    [ “A monk should not laugh. Only the fool lifts up his voice in laughter.” ]

    XD! Como siempre la iglesia católico romana pseudocristiana iluminándonos el path. Qué buena opción comporta recurrir de cuando en vez a la consulta de sus fuentes…

    …para proceder exactamente al contrario de lo que allí postulan.

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