2 comentarios en “Manolo Caracol y Melchor de Marchena – Fandangos

  1. En un ejemplo, sobre lo de que la pasión sin control no sirve y que si el control ahoga la pasión. Lo digo en dos líneas.

    Para contextualizar, imagínate que te planteas ir el resto del año (llámalo relación laboral o relación a secas) a un lugar cuyo título en la frontal reza a la calle algo que contiene la palabra (en plural) duende, ¿sabes? ¡no me llames señor, llámame: duende!

    Bueno, pues, al grano, imagínate que tienes el duende todo desbocado a su pleno rendimiento histriónico porque estás interpretando algo al toque, al cante, al baile, etc. Vas controlando y mantienes el compás, la afinación, la cadencia, etc.

    En ese momento afrontas el final de una sección. Acaba un estribillo, o justo comienza el cante, o rematas una estrofa, el caso es que, sabes, que, a cuatro tiempos: ¡rematarás!

    Harás ribete, adorno, pirueta, exceso y, si vas con el duende a plena libertad, controlando el tiempo y el espacio: creación improvisada sobre la letra, la partitura y la coreografía.

    En el ejemplo sobre lo de que la pasión y el control son dos transtornantes polos que como bipolo funcionan de puta madre, oyes, en el contexto de esta entrada, por fandangos, 3×4 a 12 unidades la frase, a alguien que, reprimiéndolo porque no quiere que le oigas para no distraerte y echarte fuera del compás, la afinación y la cadencia, aspira para sí un “óle!”.

    Supremo de lo sano sobre cualquier bramido bruto descontrolado y desapasionado.

    Lo dicho, en unos meses:

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