5 comentarios en “8 personas poseen tanto dinero como la mitad del planeta.

  1. Propongo tirar de la manta, y hacer que esos 8 queden desnudos. O sea, quiero decir, naif-style, ¿y si son los ricos y nos pasamos todos a otra moneda?

    A ese selecto club de dueños del mundo les quedaría papel mojado…

    Con tres sencillos pasos:

    OPEN MIX IDE

    CREATE APP

    HAVE FUN WHILE P.O.L.inng!!!!

    … lo dicho, buen viaje nos de Abraxas, a ver si en summer hacemos hackathon con algo ya más definido!!!!

    Keep on pushing in an ataraxia way of push!

    Freak!

  2. Naif-style me pareció a mí siempre el pensamiento certero de que para que haya ricos, debe haber pobres. Como refleja el titular de este post, se es rico por comparación. Y lo triste es que todos queremos ser ricos. Y lo incómodo, o incierto, es que compararse, competir, resulta ser el verdadero motor de la evolución, la clave de la permanencia genética de la especie… Lo leí el otro día en algún sitio y no me pareció descabellado. Crecer sin sentido, sin un objetivo definido, expandirse sin final. Se explicaba muy bien en las respuestas de los compañeros al anterior post sobre Martín Armstrong.

  3. Que la “competición” resulte ser el verdadero motor de la evolución —y en todo caso sería la adaptación— puede ser un modelo que describa el comportamiento de la mayoría de las especies animales, pero no se aplica al hombre, que es un animal de realidades totalmente desfondado y desnortado, abierto, carente de un programa innato que le oriente en un estar-en-el-mundo que ha de justificar, como no le ocurre al león o al oso, que además sólo “compiten” hasta que sus necesidades biológicas estén satisfechas: el animal no pisotea a su semejante cuando no es estrictamente necesario. El mito describe esto bien: el héroe para realizarse o bien ha de atravesar el laberinto para llegar al centro, o bien padecer tormentos y descender a los infiernos, o bien llegar a la cima de la montaña; toda esta praxis es un medio para justificar su realización como héroe.

    La causa formal de que unos pocos se lucren a costa de la mayoría es un sistema de referentes que presenta una dicotonomía absolutamente falsa entre libertad e igualdad, prioritizando al primero: el neoliberalismo. Y éste no nace “porque sí”, arbitrariamente, sino que es el resultado de una mentalidad soteriológica protestante donde la salvación y realización del hombre no se entiende colectivamente sino individualmente: sólo unos pocos agraciados (“premiados”) se salvan. Si la causa de este sistema de referentes socio-económico es un horizonte de mentalidad (forma mentis), entonces trascendido este horizonte se trasciende el problema funda-mental. Lo que pasa es que nos hemos impregnado hasta la médula de este horizonte sin darnos cuenta: por eso cuando se le pregunta a la gente de la calle sobre su definición de libertad te dicen que, obviamente, “mi libertad termina cuando comienza la tuya”, como si la libertad supusiera un principio de lucha territorial competitivo. ¿Y por qué decir que yo no seré libre hasta que todos seamos libres?

    Tiende a pensarse que el individuo por sí solo no cuenta, no vale y poco puede hacer para cambiar el sistema de referentes que da norte a todo esto, pero no es así, y para muestra de que no estoy hablando de metafísica ni de cosas platónicas puede verse como la antropología ha visto una tendencia natural donde grupos humanos expresan determinadas situaciones sociales por medio de valoraciones y estilos corporales individuales análogos: la imagen (forma mentis) del cuerpo individual y el cuerpo social se condicionan mutuamente: el control del cuerpo físico tiene repercusiones sociales, y los controles sociales tendrán su reflejo en el cuerpo físico. Por eso las culturas han creado símbolos y sistemas de significantes donde los orificios del cuerpo son análogos a las vulnerabilidades sociales. Un ejemplo concreto de esto se da en el libro del Levítico, donde existe una exagerada preocupación por los orificios corporales (sexualidad, fluidos corporales, piel…) pues son vistos como imagen de vulnerabilidades sociales. De ahí que el profeta significase (en tanto que signo) un peligro por su potencial devastador de cambio social, pues su mensaje suponía la invasión de un agente externo que desequilibraría todo el sistema. Si la mentalidad de un individuo no implicase potencialmente un cambio de paradigma social, entonces no tiene sentido la creación de un sistema canónico tan penalizante con el individuo como se da en el vertiginoso derecho canónico del Pentateuco. Lo que un sólo individuo hace tiene consecuencias sociales inmediatas, eso sí, aparentemente imperceptibles en muchos casos. El renacimiento surgió justamente porque una serie de individuos fueron desperdigando nuevos horizontes de manera caótica por Europa…

    Y justamente los criados en culturas latinas suponemos una potencial alternativa al capitalismo hipercompetitivo que tanto nos meten los políticos. A los latinos se nos da mal jugar al capitalismo, por eso los países formalmente católicos son los menos “agraciados” en este juego: España, Portugal, Italia, Grecia, latinoamérica… Y que somos nosotros los que suponemos un agente de cambio principal se mostró bien, por poner un ejemplo totalmente vulgar y grosero, en el primero Gran Hermano de España, un concurso donde se pone a sus jugadores a competir por un premio donde se reproducen las mismas las pautas capitalistas protestantes, haciendo que sus individuos luchen entre sí hasta que el “agraciado” se haga con los 20 millones de pesetas. ¿Y qué paso cuando esta forma mentis calvinista se injertó en una mentalidad latina? Pues que los concursantes “jugaban fatal”, pensaban católicamente como un colectivo asambleario (ekklesía) : confabulaban para ayudarse entre sí para darle los 20 millones a la madre de la niña enferma, o cuando el asturiano ese dice de votar para no echar a nadie… Y el programa apunto estuvo de irse al garete, tuvieron que re-formatearlo.

    Tenemos, como individuos y como colectivo, una enorme responsabilidad para trascender esta ba-su-ra de sistema de referentes objetivamente malo, inmoral e indignante, y todo lo que hagamos nosotros para cambiarlo sí cuenta, pues supone una causa eficiente devastadora de trascendencia de horizonte. Así que siempre… ¡Plus Ultra!

  4. Hello Gregory, no estoy de acuerdo.. aunque sea es la base ideológica que sustenta el paradigma actual… La Naturaleza funciona en red, todos los individuos con su vida o con su muerte trabajan para el ecosistema que al final es una expresión más compleja de la vida. No hay compasión, no hay crueldad pero tampoco hay lucha de individuos, ni vencedores ni vencidos, todo se aprovecha y sirve al conjunto, es la red la que cuenta y se hace lo que se tiene que hacer. Hay jerarquías pero de aprovechamiento y también son piezas útiles para la red. La auténtica reina del planeta es Lady Clorofila y es lo más pasivo y nutricio que te puedas imaginar.

    Hace unos meses tuve la suerte de conocer a Benigno Varillas, un naturalista español que está involucrado en varios proyectos de Rewilding. Están creando reservas de antiguos animales extintos en nuestro país, como el bisonte europeo, para recrear ecosistemas salvajes y autónomos con todas sus piezas, que hace miles de años que ya no existen en nuestro continente. En concreto esta está en Salgüero de Juarros (Burgos) y se llama Paleolítico Vivo. En la visita guiada nos estuvo hablando de los últimos seres humanos que aún viven en el Paleolítico, unos 10.000 dice que aun quedan y de su “arquitectura mental” que es de abundancia. No me quiero extender, pero me pasé la visita medio llorando, con una profunda añoranza, sintiendo que esa manera de vivir es la correcta. http://www.paleovivo.org/el-elevado-nivel-de-lenguaje-de-un-pueblo-salvaje/

    Así vivió el ser humano cientos de miles de años. Se diga lo que se diga, la cagamos en el Neolítico, que empezó hace unos 12.000 años. Ahí empezó el extractivismo y la acumulación. Nuestra arquitectura mental es de pobreza y nada la puede saciar. Para muestra, tenemos a esos ocho.

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