¿Qué hay dentro de un psiquiátrico que no hay fuera?

 

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Genuinas espontaneidad y autenticidad sin máscaras.

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El esquizofrénico se manifiesta como tal, sin importarle lo que piensen unos u otros. Al depresivo raramente le apetece interactuar con los demás y así se lo hace ver de forma natural a todo el mundo. Los bipolares en manía nos expresamos tal cual, se ponga por delante quien se ponga. Las anoréxicas no esconden sus miedos. Y así con quasitod@s…

Salvo con los psicópatas de manual, cuya máscara lo llena todo y que con esos es mejor no cruzarse la mirada…

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…(los más viejos del lugar cuentan que algunos hasta se camuflan tras una bata blanca)…

Visto desde dentro, con una mirada entornada te das cuenta de que todo es un maravilloso desfile de monstruos que carecen de algo muy simpático que necesitan mucho los cuerdos:

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una máscara.

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5 comentarios en “¿Qué hay dentro de un psiquiátrico que no hay fuera?

  1. Hola nosce, hola a todos.
    ¿Qué hay en un psiquiátrico que no hay fuera?… Yo diría que “humanos”, y cuando digo humanos me refiero a los pacientes. Yo sólo he visto respeto entre internos , ayuda, apoyo, empatía, amor…
    He sufrido dos ingresos en mi vida; uno, el primero, fingí mi enfermedad para que me ingresaran, por motivos personales, aunque cuando eres consciente de lo que haces cambia la cosa… Aunque ya conocía varios por dentro, por mi trabajo y siempre había observado eso. Nunca me dieron “yu-yu” esos establecimientos, sí quizás la primera vez que entré en uno, pero al rato me sentí bien allí.
    El segundo “el karma” me dió mi merecido y ya no fué fingido, fué real… Un ataque psicótico de manual… Aunque estuve atado 10 días y lo pasé muy mal, lo poco que recuerdo gracias a la sedación, el resto lo recuerdo con cierta añoranza. No era un ala psiquiátrica de un hospital, que creo que es peor como lugar, sino que era un centro psiquiátrico. Una gran casa con jardines y espacios para poder deambular. Conocí a buena gente, tanto enfermeros/as como a pacientes. Gente que como yo de repente se encontraban allí por razones que había que asimilar poco a poco, porque cuesta y asusta saber que has perdido la “sin-razón”, aunque sea momentáneamente, aunque te sientas recuperado y ya tranquilo… Una anécdota que recuerdo es que en el comedor se sentaba uno en mesas de a cuatro, pero habái dos chicas que comían solas cada una en una mesa… Yo las observaba y me hacían gracia, y pensé en hacerles la puñeta… Un día, a la hora de comer, me senté en la mesa de una de ellas… Cuando llegó y me vió, le dije que hoy quería ser yo el V.I.P. que se sentara ahí… Ella se rió y se sentó en mi sitio con mis compañeros. No le molestó. Yo sabía que uno de ellos le gustaba y más tarde gracias a eso se enrrollaron como pareja allí… A la otra chica la amenazé con hacerle lo mismo otro día y quitarle el sitio… Y también reía. La verdad es que se comía muy bien… 😉
    No tengo mal recuerdo, y ya digo que a ratos hasta añoranza.

    1. Gracias por tu testimonio de primera mano runa2sieg.

      Concuerdo contigo en —salvedad sea hecha entre casos muy particulares— lo del respeto entre internos, ayuda, apoyo, empatía, amor: COMPASIÓN. Seguro que esto no se lo imagina nadie de “fuera”.

      Éra(mos) muchos los que nos preocupábamos genuinamente por el bienestar de los demás, tanto jóvenes como mayores, daba igual: y eso te hacía a ti sentirte mejor, claro.

      Lo digo con total sinceridad: ya quisiera yo que la sociedad en su conjunto se respetase y ayudase los unos a los otros al menos la mitad de como se ayuda y se respeta dentro de un centro así.

      Y, no conozco el tipo de situación que se dará en un centro, pero, efectivamente, los que habían estado ingresados en centros hablaban de ellos como más acogedores, comparados con una planta de hospital en la que estás encerrado día y noche entre dos pasillos de 25 metros cada uno y una “sala” de la televisión, donde lo único que hay para hacer es pasear, ver la tele o escuchar música y leer libros (mi caso). Bien mirado, yo aproveché para leer bastante, pero seguro que hubiera “disfrutado” más en un centro con jardines y espacios abiertos, como bien dices.

      Los estudiantes de enfermería con los que me encontré durante mi estancia decían que de todas las especialidades por las que iban rotando en el hospital, psiquiatría era la que más les había gustado. Por algo sería.

      Ah, y por cierto, existía entre nosotros una especie de consenso (o mecanismo de protección lo llamarían otros…) en que los que verdaderamente no se enteraban de qué iba la Vida eran los de “fuera” y no “nosotros”.

      Los “enfermos mentales” estaremos “enfermos” pero NO SOMOS GILIPOLLAS: sin temor a equivocarme diré que buena parte de los que me encontré eran MUY inteligentes, por encima de la media de los de “fuera”. Y como bien sabemos, en este mundo DE LOCOS en el que vivimos, Inteligencia + HíperSensibilidad = KAPUT.

      1. Inteligencia + HíperSensibilidad = KAPUT.

        En este mundo, si has tenido la desgracia de nacer inteligente y sensible eres carne de cañón. Y digo desgracia, porque a mí sólo me ha acarreado problemas, especialmente la hipersensibilidad. Para qué añadir nada más.

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