La noche que pude haber muerto.

Viene de:

 

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Este es el relato de la primera vez que estuve a punto de morir, pero de verdad de la buena.

Londres, 29 de Abril de 2008.

Estaba sacando fotos en Brick Lane (Londres), la madrugada de un Domingo a un Lunes a la 1:00am. Sí, se me ocurre a mí salir por ese barrio a esas horas con una cámara réflex Canon de 1000 euros y un objetivo de 2.500 euros… 🙄

Iba con mi reproductor de mp3 y mis flamantes auriculares escuchando a Coldplay (sí, Coldplay, qué passsa).

Pues bien, en un momento dado me metí en un callejón bastante oscuro, porque estaba lleno de grafitis muy guapos. Iba yo sacando mis fotuquis absorto en mi música —sin ver nada ni oír nada de lo que sucedía a mi alrededor, vamos—.

De repente siento que algo me golpea en la nuca. Como iba con la música puesta no sabía qué estaba pasando, así que me quito los auriculares —que, por cierto, me costaron 400 euros (sí, para mí la música es S-A-G-R-A-D-A: quien es cicatero con sus pasiones es cicatero para con la vida y posiblemente hasta sea mala persona 😛 )—, pues eso, que me quito los auriculares y me giro hacia atrás. Me doy de bruces contra un tipo con la cara desencajada que me dice: ¡NO TE GIRES, NO TE GIRES!, mientras me apunta con lo que yo identifiqué con una pistola (no sé si de juguete o no, como podréis comprender no me paré a indagarlo…).

Entonces me quedo mirando a la pared, sin girarme hacia atrás (no quería que le viera la cara, estaba claro). Junto a él había otro tipo súpernervioso que le decía al primero: ¡NO LE DISPARES, NO LE DISPARES, NO LE DISPARES!

En ese mismo momento me doy cuenta de que puedo estar a punto de morir.

Este 2º tipo se dirige a mí y me dice, muy nervioso y muy rápidamente, sin apenas vocalizar: GIVE US THE CAMERA, GIVE US THE CAMERA! (¡danos la cámara, danos la cámara!). Obviamente en una situación así tú le entregas la cámara a quien tan amablemente te lo está solicitando. Muy sosegadamente les digo: no os preocupéis, os voy a dar la cámara. Les entrego la cámara mientras el primer tipo me sigue apuntando muy nervioso con la pistola. Me doy cuenta de que si en ese momento aparece la policía patrullando puede suceder cualquier cosa, incluyendo la de que me peguen un tiro (pues le había visto la cara al 2º de ellos) y huyan.

Entonces me piden el móvil y la cartera. Yo no llevaba cartera. Y, para los que todavía os preguntéis cómo puedo ser tan friki, debía de ser el único pavo en todo Londres sin llevar un teléfono móvil encima. Porque soy asín, porque me la sudan los móviles y quasi-cualquier otro tipo de distracciones que me saquen potencialmente de mi Ser y Hacer en el que retozo feliz cual cochino-jabalín, coñññio ya. Además, aplico la siguiente fórmula: si es lo suficientemente urgente, ya me enteraré. 😛

Bueno, a lo que iba. Me piden el móvil y la cartera. Los dos súper nerviosos, y el 2º de ellos mirándome de forma completamente amenazante, con los ojos salidos de sus órbitas casi. No llevo cartera ni móvil: en ese preciso instante me doy cuenta de que entonces

ME VAN A MATAR.

Lo que relato a continuación duró no más de 2 segundos:

Tuve la percepción íntima y la seguridad absoluta de que, después de que me pegasen el tiro y muriese, YA ESTABA. Ahí se iba a acabar todo. Finito. Game Over. The End. Pero no un fin material sino un fin óntico, metafísico. El Vacío más absoluto que iba más allá de la “Nada”. Por allí no había ni rastro de Dios. Era algo así como el “cielo” de los ateos, por llamarlo de alguna forma. Lo visualicé como un espacio infinito de una luz infinita. Sin ningún lugar a dudas, fue una experiencia mística de las de libro. Y entonces, en ese instante en el que SUPE que iba a morir, sucedió algo muy simpático:

acepté.

Con el Corazón plenamente abierto, aceptando con cada célula de mi cuerpo: completamente tranquilo, relajado y plenamente Consciente, me entregué de la mejor Voluntad humanamente posible a ese micro-punto en el espacio-tiempo que deletreaba para mí con precisión de orfebre la palabra MUERTE.

Mi instinto por SOBREVIVIR desapareció, junto con toda esperanza, que por algo fue la que se dejó Pandora en el fondo del cofre: porque, perdidas las esperanzas, perdidos todos los MIEDOS.

Ya había dejado de tener miedo a la muerte tras mi experiencia con hongos (Marzo de 2005), en la que hubo un punto dentro de la misma en el que sentí que se me pedía saltar a un Abismo, abandonarme, sin saber lo que había al otro lado: entonces, al igual que me sucedió en Brick Lane,

acepté.

Sin embargo, es curioso que mientras la experiencia con hongos estuvo revertida de un cariz de “Divinidad” como un “Dios es Amor y el Amor es Dios”, esta otra lo fue de un cariz de “Vacío” y asepsia de cualquier tipo de “sentimiento”. ¿Acaso sean ambas las dos caras —o POLOS— de la misma moneda? 🙄

Y es que el ego ha de morir (no es “morir” la palabra, no hay nada a lo que “matar”, más bien es “echarse a un lado”, pero por entendernos) en vida al menos 1 vez en la vida para perderle el miedo a la muerte para siempre. Opinodeque.

Tras esos brevísimos instantes místicos, volví a la “realidad” (en realidad la otra Realidad era mil veces más Real que esta otra “realidad”).

Al hacerlo, me dirigí con toda tranquilidad al tipo que no me estaba encañonando con la pistola en la nuca y le digo:

— “No llevo cartera ni móvil. Puedes registrarme por completo. Si quieres, toma estos auriculares y este mp3.”

Me dice que no quiere ni los auriculares ni el mp3 (!?). Pensaría que eran malos. Bueno, él se lo perdió. 😀 Me vuelvo a dirigir a él, que era quien ya tenía la cámara y le digo:

— “Ya tenéis la cámara. ¿Todo bien?”

Me miran con cara de flipados: no se podían creer que estuviera hablándoles con ese aplomo, tranquilidad y firmeza. Continúo diciéndole:

— “Ahora si no os importa me gustaría conservar las fotos que he sacado. ¿Os parece bien si abro el compartimento de la cámara y extraigo la tarjeta de memoria?”

No me dicen nada, sigue apuntándome con la pistola en la nuca el primero y el otro me sigue mirando con los ojos como platos. Me acerco a la cámara, abro el compartimento de la tarjeta de memoria, la extraigo y me la meto en el bolsillo. Entonces les pregunto:

— “¿Queréis algo más o está todo bien así?”.

Salen corriendo y se pierden por el callejón.

Saco mi mp3 del bolsillo, me pongo mis auriculares y sigo escuchando a Coldplay dando un agradable paseo hasta casa, escuchando la música, disfrutando de la brisa dándome en la cara, percibiendo colores, sonidos y tactos como si fuera la primera vez… sintiéndome literalmente en el Cielo: extremadamente pleno y feliz de Ser quien Soy: el YoSoy IO8OI.

Estas son las fotos que saqué durante aquella noche, en orden cronológico. La última es la última foto que saqué antes de que me encañonaran con la pistola en la nuca.

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IO8OI

Soñando. (¿Prohibido soñar?)

Vive para cambiar algo.

Corazón abierto. Ganesh(Krishnamurti?) 😆 El callejón en el que me metí. Existo a pesar de vosotros. Construido para durar.

– ¿Qué tal un TIROTEO verbal?

La Vida de…

Protesta y SOBREVIVE. Vélo venir. No oigas nada.

No veas nada.

No digas nada.

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je.

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3 comentarios en “La noche que pude haber muerto.

  1. Ahí estabas en el estado en el que se debe funcionar, como en la peli de fearless (sin ser cafre loco tampoco) morir tranquilamente antes de morir y entonces ser capaz de cualquier cosa con toda la tranquilidad posible.

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